Áreas de docencia e investigación: comunicación, educación, filosofía y antropología. Taller de tesis en Ciencias Sociales. - Niveles: Terciario, licenciatura y maestría.
Técnica en Comunicación Social, Profesora y Licenciada en periodismo. Magister en Ciencias de la Religión. Doctoranda en Filosofía.
Para ver mi curriculum actualizado,haga click. Mi mail: mariamarthafernandez@gmail.com - http://orcid.org/0000-0001-7093-9978
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March 10, 2008

El porqué de mis cosas...


Este artículo vino a cuenta de la solicitud de un amigo que me pidió que contestara de alguna manera qué es la Qabalah. Surgieron líneas que por primera vez escapan de lo académico y me permiten compartir esta vivencia de la cual solo soy una aprendíz.


En primer lugar, me gustaría comentar cómo llegué a estudiar Qabalah; me voy a tomar la licencia de no explicar por qué uso la Q en lugar de la C: Detalle que me detendrá más adelante. Quizás fuera por mi afán de encontrarle una explicación a todo, o por ir a las primeras causas de lo más esencial de esta vida. En este trajín pasé de la Etología a la Genética y luego a la Bioquímica, para darme cuenta de que en las Letras también hay una instancia de Creación, muy primigenia, que se mezcla y humecta de la Antropología, de la Historia y, por qué no, de la Filosofía.
Si un nucleótido conforma uno de los primeros eslabones del primero de lo seres vivos, esa misma unidad se encuentra funcionando y vibrando en la música, en la enzimas y en un relato.
Por eso, ya frustrada de la Facultad de Medicina, y comprendiendo que la disección, las dietas y los hidratos de carbono no eran lo mío, llegué al Periodismo, un oficio noble que estaba ya en su fase de prostitución maxima. Era “todología” en estado puro, con un fuerte acento en una necesidad social que lo utilizaba como vidriera y como estrado. Allí, el periodismo policial -al que defiendo, justifico y considero todo un arte- me atrajo, no sólo por un determinismo familiar, no sólo porque parte de mis arterias portaban tinta roja, si no porque me parecía que era ahí donde se encontraba el grito social auténtico, y que esa autenticidad estaba fundamentada por una enorme raigambre antropológica, social y cultural.
En esta carrera me topé afortunadamente con María Mensi, una excelente persona, dadora de conocimiento sin restricciones, que hincó el bisturí en una mañana de otoño porteño cuando, con Borges y Cortázar sobre la mesa -para ser más exacta, con Cortázar y “El Río”- nos pidió que lo deconstruyéramos y lo reformuláramos en un texto digno del periodismo policial. Fue ese día cuando la mitología que me había capturado en mi infancia, cuando jugaba a memorizar las diosas y dioses de la mitología griega y romana del Diccionario Karten, tomó lógica. Ése era el menú que estaba servido a la hora del almuerzo, y yo estaba muerta de hambre.
De la mitología saltamos a los arquetipos, y fue ella la que nombró por primera vez al Adam Kadmon. Y se hizo la luz, las aguas se separaron de las aguas. No dudé; ya dije, estaba hambrienta y surgió la idea de realizar talleres o reuniones para devanar más esos temas que excedían el horario de clase de la difunta Escuela del Círculo de la Prensa.
Alquímicamente, todo empezó a tomar lugar. Por lo menos, el lugar para dar los primeros pasos en lo que es un camino de vida. Por múltiples cuestiones, que no importan en este momento, el Judaísmo y el Hebreo no fueron temas ajenos a mí pero, hasta ese momento, no me habían traspasado.
Racionalmente, se llegó a ese tema por la necesidad de buscar una pauta y un método hermenéutico de análisis del discurso. De María o con ella, comencé a comprender y a desarrollar un método que luego apliqué en mi tesis, y que me permitió dar charlas en diferentes espacios académicos.
De la mitología clásica a la mitología hebrea, allí apareció Robert Graves, quien me presentó a Raphael Patai, y éso me llevó a entrar por la puerta grande de la rama mas científica y académica –por no decir religiosa en su ortodoxia más críptica-. La puerta grande es y será Gershom Scholem. Luego de un largo tiempo de perderme y encontrarme en los bosques teóricos, llegué a Aryeh Kaplan -quien dotó a esos textos de una dimensión religiosa poderosa- o Moshé Idel, que es como la bisagra entre los dos nombrados. Años después de leer el Antiguo Testamento y, específicamente, el Bereshit y Shemot (Génesis y Éxodo, aunque la traducción directa sería “Nombres”), deshojándolo letra a letra en esas tardes de sábado, y de madurar otros textos y madurar, en unos años de oscurantismo propio, llegué a los textos originales.
Por lo que a la explicación que me convoca en estas líneas de “¿Qué es la Qabalah?”, yo diría que en primera instancia es transmisión de un legendario conocimiento vivo, que fue desarrollado por los hombres para el hombre, con una fuerte influencia de pensamiento oriental, humanista y existencialista, con la necesidad de comprender los porqués más profundos y filosóficos de nuestra existencia, de nuestro testimonio como hombres de una potencia creadora, llamada Dios.
Algo que brilla con tanta intensidad tuvo sus equivalentes en otros conocimientos y otras culturas. Porque es un cúmulo de revelaciones que, y empiezo a hablar de mi experiencia y desde mis propias nociones, me permitieron comprender ciertas dimensiones de existencia, de lógica de las cosas, de los valores, de cadencias. Si surge de algo superior, pero toda la construcción se ha realizado de los hombres para los hombres, como referí anteriormente, por lo que como algunos prefieren que le cuenten las cosas, otros leen y subrayan, otros prefieren errar en la investigación y lograr sus propios conocimientos; en mi caso fue y es la medida justa, las palabras exactas y la inspiración correcta.
Me he dado la cabeza contra la pared con el Hebreo; no lo hablo y no lo leo, pero con cautela – principal virtud ante la Qabalah- puedo comprender los sentidos. También me he dado la cabeza contra la pared ante la amplitud y casi imposibilidad de allanar, cubrir y llegar a abarcar esta filosofía (¿?). Creo que es otra de las virtudes, nos demuestra la finitud de nuestra inteligencia-existencia. Pero no por ello estamos vencidos, les aseguro que no. Esta inabarcabilidad me ha erotizado mucho más.
He preferido entonces las traducciones al inglés: Creo que este idioma simple guarda el respeto a ciertas cosas. No hay necesidad de neutralizar el significado si no, simplemente, sugerir sus límites y que la cosa se nos manifieste completa y plena como la Zarza ardiente.
Por otra parte, rescato el carácter universal y antropológico de los textos. Pero como les adelanté, precisé de años para que, finalmente, este conocimiento estuviera en mi forma diaria de pensar, en mi lenguaje y en mi forma de ver la vida. No me contradigo, la Qabalah es dinámica y viva, evoluciona cuando uno la invita a hacerlo.
Dentro de sus textos-fuentes claves, está la Torah -el Antiguo Testamento cristiano-, el Sefer Ha Zohar, “Libro del Resplandor”, y el Sefer Yetzirah, “Libro de la Creación”. Pero también existen otros textos complementarios, como el Shiur Komah, que es un tratado de anatomía cósmica divina, donde se desarrolla la idea de una anatomía humana que permitirá comprender la dimensión divina. Es mencionable además el Bahir, “Libro de la Claridad”.
Es tradición y por ello la cautela es máxima: Una letra altera completamente el significado de una palabra y, si a esto sumamos que cada letra no permutable tiene un valor numérico, también se destroza la justa medida, el equilibrio establecido. Sin duda, esto ha permitido que el legado del Judaísmo permanezca incorruptible.
Lo de arriba se corresponde con lo de abajo, por lo que el equilibrio en la Tierra mantiene al equilibrio en el Cielo, y viceversa. Habrán leído que la Qabalah es sólo materia -dentro del Judaísmo ortodoxo- de hombres mayores de cuarenta años, casados y justos. Bueno, como verán, yo soy una mujer que no llega a los cuarenta, mi estado civil no viene a cuento y lo de la Justicia se lo dejo a D''s; pero en Scholem divisé la clave y quizás lo que me motivó en mis investigaciones y mi compromiso de vida, es darle a esta prolija arquitectura un espacio exotérico en el espacio académico. Todo el desarrollo literario es suficientemente vasto para que se estructuren cátedras que se aboquen a su estudio y, por qué no, desarrollo. De hecho, aquí en España, la Universidad Complutense de Madrid presenta como materia optativa “Cábala y Mística Judía” por la Dra. Amparo Alba, quien no es la única que enaltece los estudios de filología hebrea en la UCM y los estudios de Judaísmo con rigor científico e idoneidad. - por suerte y fortuna para los próximos estudiantes-
Volviendo al cauce, ante lo innombrable e inasible, hay elementos que nos sostienen y guían. Primero, las letras como signos: Iconos, portales, mándalas. Abulafia, español también, desarrolló una de las líneas más importantes de la mística judía, la “Qabalah Profética (Kabbalah Nevu´it)”, permutando las letras y combinando sus valores, también llamada “Gematría”. La Iod, la He, la Vav son nuevamente permutadas y meditadas. Es preciso comentarles la importancia de pasar de ser un buen geógrafo a ser un mejor explorador, y entonces presento la segunda herramienta, la que sí transité y transito: Los Sefiroth, integrados por las Séfiras, que son diez para algunos y once para otros. Por una experiencia personal de estudio e inmersión total, sospecho que son doce. Son las virtudes de D''s, las cuales se complementan y van desde el Ain Sof (“Lo Infinito”), descendiendo desde el Keter (“La Corona”) hasta el Malkuth (“El Reino”). Cada esfera tiene su luz propia, y he llegado a meditar bastante sobre ellas, sobre sus aspectos femeninos y masculinos, activos y pasivos.
Entre Octubre de 2002 y Enero de 2003, mientras cursaba mi Maestría, tuve la oportunidad de bucear en estos temas sin límite alguno, durante horas y horas. Digo “sin límites” y poniéndole el pecho a todo con una cautela muy espontánea y un ángel guardián, supongo. Y fue una madrugada que, viendo el dibujo de los Sefiroth, empezaron a brillar mucho más de lo normal, se despegaron del papel, a medida que iban adquiriendo volumen, y luego se ubicaron frente a mí. Hace unos meses, ví “Bee Season” (Scott McGehee, 2005), una película corta y puntual, pero que juega con el valor de la Palabra, la permutación de las letras, y en donde una bellísima Juliette Binoche escapa por las noches, dotando un local diáfano de árboles brillantes de espejos y metales. Pues ese resplandor fue el que emanaban las Sefiroth ante mí. En eso, la primera y última, Keter y Malkuth, se unieron. Posiblemente, estos giros sean posibles en mi imaginario luego de haber estudiado Embriología, pero fue como que ese tubo se plegaba rítmicamente, y formaba una entidad total y única.
Esas diez -que en el medio tienen otra que es la combinación de dos emanaciones conformando el Da'at, la número once gestora y administradora de las otras dos, se transformaban en una decimosegunda posibilidad, el de una unidad combinada.
A esta altura creo que he perdido cualquier posibilidad de defender mi estabilidad mental, pero fue una experiencia, real o soñada, no sé. Recuerdo estar despierta y que esto sucedía como un holograma didáctico que me eyectó a otra comprensión que me hubiese llevado años de estudio. No sólo fue ver la redondez de las esferas, si no las posibles combinaciones, sus pasos, su lógica, su fluir entre unas y otras... Lo dicho, un salto exponencial en mi entendimiento. Claro está que esta exposición queda en una mesa de amigos, o sobremesa, pero que no podría elaborar ningún artículo académico basado en esto, como dije. Ahí está el desafío de llevar estos temas a esos ámbitos que están plagados de revisionistas que opinan que, si no hay evidencia material, no ha existido, o es “mitología” y, por ende, no es histórico o científico.
Además de las diez esferas, hay cuatro niveles de energía, de evolución de este “Árbol de la Vida”. Evidentemente, lo que he relatado se puede calificar de fenomenológico: Cada una de las esferas expresa un arquetipo que permite un análisis místico, filosófico y psicológico, personal o colectivo.
Otra de las tantas maneras en este perfecto entramado que nos es ofrecido en la Qabalah, es la “Mística de la Merkabah” o “Mística del Carro”, el cual promueve la contemplación y ascesis por los siete mundos para llegar a D''s. La exégesis de ciertos textos ha permitido el desarrollo de una Qabalah Mágica o “Ma'asit” que fue, quizás por no estar en su punto justo, una de las puertas a la magia, como la conoce cualquier lego. Aprovecho este momento para aclarar que nada de la Qabalah tiene que ver con la magia. Pero esta línea mística ha permitido una interesante maduración de la angelología judía. Lo leído: También existen los ángeles que conforman las huestes de D''s, y que lo protegen conformando una milicia ordenada y jerarquizada.
Finalizando con otro de los temas tratados exquisita y exhaustivamente, está el del comienzo de los comienzos. Ese momento en que las aguas de arriba y abajo no se diferenciaban. Ese momento aléfico en donde todas las potencias estaban concentradas y en potencia absoluta. Luego, el Tzim Tzum, contracción total de energía generadora y pura con todas las virtudes, momento de diferenciación, como la organogenésis, donde cada uno respeta sus cualidades y se ubica según su función.
Después, el Tohu Bohu, que aparecerá en cada mitología: Ese momento de la mezcla nutricia y generatrix de todo el universo, hasta llegar a la explicación del primer hombre: El Adam Kadmon y, con él, el mito del andrógino, junto a la aparición de lo femenino, jugando especularmente con lo bueno y lo malo, hasta llegar a mi Lilith.
Me reservaba como último bocado de este sistema de alquimia interna individual, porque empecé hablando de Qabalah, y no de Cábala o Kabbalah, o como se quiera escribir llenando la palabra de Bs y Hs. Qabalah קַבָּלָה viene de Qibel, que es “Recepción” en hebreo. Como verán, adelante aparece la Quf y no la Kaf כ y como ven, no hay que ser muy ilustrado para que en nuestro amplio y escaso idioma no podamos -aunque sea- tomar esos detalles en cuenta.
Hay un libro pequeñito de Ediciones Obelisco, escrito por el Rabí Michael Laitman, que se llama “Cábala para Principiantes”. En pocas páginas, traza un recorrido alrededor de qué es la Qabalah, para qué y quién puede estudiarla, en un lenguaje sencillo y claro. Es muy valioso, porque en estos temas uno llega a enredarse bastante, lo que espero y anhelo no haber hecho.

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